Alumbrar

basado en materiales de Majón Meir

Parashat Ki Tavo     21 de Elul 5776     No 1087

“Servid al Eterno con alegría”
Rav Ioram Eliahu

Los días de la Tshuvá (arrepentimiento sincero) en los que nos encontramos en su apogeo son acompañados por nuestra parte con cierta dificultad. La necesidad de prestar más atención a nuestras acciones, nuestras palabras, nuestros pensamientos, produce cierta obstaculización del surcado de la vida, y puede también generar pena o incluso depresión.
A eso se le suma otra preocupación: ¿Acaso mi arrepentimiento será aceptado? Muchas veces me prometí que cambiaré, y no pude hacerlo. ¿Quién dice que justamente ahora lo lograré, y mi arrepentimiento será recibido? El Rav Kuk en su maravilloso libro “Orot HaTshuvá” nos enseña que “en el principio básico de todo debe encontrarse la idea genérica de la confianza en la Tshuvá y la tranquilidad y alegría vigorizante que debe vestir el alma de toda persona sobre la que el resplandor de la Tshuvá brilla”. Pero esa alegría no es un alegría de irresponsabilidad, sino que una alegría que es acompañada del temor del pecado, “y comprensión de cómo esa alegría auténtica y esa ternura del santo resplandor no altera el temor, D’s no lo permita” (prólogo a Orot HaTshuvá), de forma que “la Tshuvá no amarga la vida, sino que la endulza” (Orot HaTshuvá 16:6) porque el hecho que tú te ocupas y te encuentras en un proceso de Tshuvá, de retorno a la fuente original, y tú sufres y te arrepientes por tus malas acciones, eso ya es síntoma de que tu arrepentimiento es sincero, y no hay una alegría mayor que esa (Orot HaTshuvá 14:23).
La alegría debe acompañarnos en todo nuestro culto a D’s, eso lo aprendemos de nuestra Parashá. Y así escribe el Ramba”m al final de las halajot
de Lulav: “La alegría que se alegra la persona cumpliendo la mitzva y el amor del D’s que nos la ordenó, es un gran nivel de culto, y todo el que no se alegra así se merece ser castigado, como dice el versículo ‘porque no serviste al Eterno, tu D’s, con alegría y buen corazón’ (Dvarim 28:47)”. Ese versículo que figura en las maldiciones de nuestra Parashá nos enseña que la falta de alegría en el culto a D’s es la razón de todo el descenso espiritual que finalmente acarrea todas esas maldiciones. Y debemos preguntar: ¿Cómo puede ser que la persona que cumple las 613 mitzvot puede acarrear esas terribles desgracias sólo porque no unió la alegría a su culto - lo que a primera vista es sólo un detalle de la mitzva? Contesta el Rav Nebentzal z”l: “Todo el que cumple la Torá con alegría, tiene prometido que siempre querrá agregar más y más. El culto a D’s con alegría es el testimonio de su identificación interna con las mitzvot, y demuestra que él comprendió su elevado nivel. Pero el que cumple sintiéndose obligados, es síntoma que no hay en él esa comprensión interna, y en realidad él quiere liberarse de ese yugo, y también si él continúa cumpliendo las mitzvot con frialdad, sus hijos o sus discípulos absorberán esa falta de vida que hay dentro suyo y ellos ya plasmarán su deseo escondido de liberarse de ellas. De forma que la alegría no es otro detalle más del cumplimiento de las mitzvot, sino que ella decidirá el punto álgido, si acaso esa persona será de las que cumplen las mitzvot, si sus hijos o discípulos serán de los que continúan esa casa y ese Beit Midrash (centro de estudio de la Torá), o D’s no lo permita, la cadena será interrumpida” (Sijot LeRosh HaShaná).
Y de esa forma lo explica Rabí Iosef Karo en su comentario “Maguid Mishné” al Ramba”m anteriormente citado: “Y lo principal es que no es adecuado para la persona hacer las mitzvot porque son una obligación y no tiene otra posibilidad, sólo hacerlas, sino que debe hacerlas y alegrarse en su cumplimiento, y hará el bien porque es bueno, y elegirá la verdad porque es auténtica, y le será fácil su trajín y comprenderá que para eso fue creado, para rendirle culto a su Creador”.
Debemos profundizar nuestra perspectiva y rendirle culto a D’s con alegría, y aunar la alegría a nuestra Tshuvá, y de esa forma seremos merecedores de un arrepentimiento por amor, que convierte los pecados en méritos.

El Shabat en el Estado Judío
Rav Shlomó Aviner

Queremos vivir juntos. Somos judíos, es cierto que distintos, pero deseamos un solo estado, y no más. Por ello, debemos arreglarnos juntos. A fin de cuentas debemos estar muy satisfechos, porque nos arreglamos bastante bien en este país, a pesar de las grandes diferencias. Y el lugar donde nos arreglamos mejor juntos, es Tzaha”l (Ejército de Defensa de Israel). Estamos muy satisfechos. No estamos interesados en que haya varios países, uno para los religiosos y otro para los no religiosos, uno para los derechistas y otro para los izquierdistas. Somos un mismo pueblo, y el común denominador es mucho mayor que las diferencias.
Pregunta: ¿Pero hay muchos conflictos relacionados con el tema de religión y estado?
Respuesta: Es cierto que hay muchos conflictos relacionados con ese tema, como el Shabat, pero esos conflictos no nos molestan. Hay distintas opiniones, pero también personas con opiniones distintas pueden vivir juntas con amor y hermandad.
Por supuesto que hay una gran distancia entre el deseo de las personas particulares de hacer lo que quieren y los que desean un estado judío, pero no es la solución teorética de los problemas la que permitirá una vida conjunta si no que lo contrario, de momento que somos buenos amigos siempre nos arreglaremos juntos. La persona se arregla con su esposa de momento que la ama, y no al revés.
También en la sociedad israelí no es difícil de momento que el común denominador, es decir pueblo judío y estado judío, es mucho mayor que lo que nos separa. Cuando se contempla desde un punto de vista profundo, general, amplio, serio, maduro, vemos que somos mucho más parecidos de lo que somos distintos. Y de momento que somos amigos siempre encontramos la forma de arreglarnos. No a través de un modelo de cultura polifacética artificial ordenado según un sistema de leyes podremos edificar amistad y amor.
Que esté claro, el Estado de Israel es un estado judío antes de ser un estado democrático. Se puede citar a Hertzel:
“El regreso al judaísmo antecede al regreso al estado de los judíos”.
“Nuestra nación no es nación sino que en su fe”.
“Conocemos nuestra esencia histórica sólo a través de la fe de nuestros antepasados” (Sefer HaIamim Alef 149, 57).
Por supuesto que debemos edificar un estado judío. De lo contrario, no cumplimos nuestra misión para con el pasado, ni para con el futuro, y también arruinamos el presente, porque el ser un estado judío es el vínculo interno que nos une. Para ese vínculo vivimos aquí, también cuando es difícil, y estamos dispuestos incluso a morir en el ejército por esa unión. Pero si no somos un estado judío, ¡¿qué nos une?! ¿Pluralismo cultural artificial? ¡Por algo así nadie está dispuesto a sacrificar su vida!
Lo que cada uno hace en su plano particular, nadie le dice nada. Hablamos del plano público. Y así es en todo país del mundo, hay diferencia entre la vida particular y la vida pública.
Lo que la persona hace dentro de su casa no le importa a nadie. En su momento, Bialik dijo: Dentro de mi casa yo trasgredo el Shabat, pero el Shabat pertenece al carácter del estado, y por ello yo protesto por la trasgresión del Shabat en la vía pública. Es decir, el respeto del Shabat puede ser determinado por la ley del estado. En todo país del mundo hay leyes de días de trabajo y descanso.
Pero cuando se determina una ley sobre la que hay discusiones, debe ser acompañada de explicación y amistad.
El Shabat es un bien nacional, y en la vida pública debe ser respetado. ¿Cómo llegaremos a ello? Como con todo tema, a través de la amistad se forja un sistema de renuncias de ambas partes. Cuanto más nos conocemos los unos a los otros, así lograremos determinar mejor un plano público afín con todos.
La aclaración básica es que este es un estado judío, y todos somos judíos, y todos deseamos ser judíos. Esa es nuestra herencia, y si quisiésemos edificar un estado que no sea judío, donde cada uno pueda respetar el Shabat si así lo quiere, no necesitaríamos al Estado de Israel o a Tzaha”l, nos alcanzaría con Napoleón que permitió a cada uno hacer lo que le plazca. Ese es el punto de partida, y luego que está claro, a su resplandor nos reuniremos y determinaremos.
En resumen, antes que nada somos un estado judío, y ese hecho es lo que genera la unión interna de la nación, y no una unión artificial. Y cuando hay unión interna, somos amigos, y ya encontraremos juntos el camino para arreglarnos tomando en cuenta a cada uno. Somos un estado judío, y esa es la existencia de la nación. El común denominador es mucho mayor que las diferencias. El común denominador es que somos judíos y estamos aquí para hacer renacer al estado judío. Y en cuanto a las diferencias entre nosotros, hay que respetar la opinión del otro, y ver cómo edificamos juntos nuestra nación en base a todo eso.

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