Beahavá Ubeemuná
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Parashat Ki-Tavo     16 de Elul 5769     No 733


Perdón
Rav Lior Engelmann

Cuesta mucho pedir perdón, es difícil reconocer que hicimos un error. Mucho más difícil es cuando nos vemos obligados a reconocer que la maldad que cometimos no fue por error… Cuesta reconocer que no somos perfectos - a pesar de todos nuestros esfuerzos por aparentarlo. Es difícil pedirle perdón a una persona que herimos, porque eso es interpretado como que nos hacemos responsables de todo lo que pasó, a pesar que a veces también el otro tiene parte de la culpa. El que pide perdón es conceptuado como “el perdedor” en la lucha, y el que puede decidir perdonar o no, es “el vencedor”. Sobre todo es difícil pedir perdón por el orgullo, porque esa mala virtud nos dificulta mucho reconocer nuestros defectos y nos ayuda a identificar con facilidad las debilidades de los demás. Sobre todo es muy difícil pedir perdón del que es conceptuado como de un nivel inferior – y por ello nos resulta difícil pedirles perdón a nuestros hijos, nuestros alumnos o toda otra persona sobre la que tenemos alguna autoridad. Es difícil pedir perdón porque esa corta palabra es en realidad mucho más grande que sus pocas letras, encierra el reconocimiento que sólo somos personas, con carencias, que nos equivocamos, a veces a propósito – personas, y no dioses.
Justamente por ser tan difícil pedir perdón, es algo tan necesario. Esa pequeña-grandiosa palabra es equivalente a muchas horas de estudio de Musar (cultivo de las virtudes) y muchos años de labor. La palabra enfrenta a la persona a sí misma auténticamente como tal es: Carente, con debilidades, como el que todavía no es pleno. Casi ni se puede llegar a estos Iamim Noraim (Días Imponentes, desde Rosh HaShaná hasta Iom Kipur) sin pedir perdón de lo profundo del corazón del que herimos. La persona no puede presentarse frente a D’s erguida, orgullosa, como si no tuviese ningún defecto – como si así fuera. Para presentarse frente a Él en forma correcta, con humildad, debemos tener el atrevimiento de reconocer nuestros errores y pedir perdón.
Es difícil perdonar, muy difícil. Nos cuesta porque es muy tentador guardar el rencor para siempre, hacerle sentir al que me hirió que él me debe algo. Es difícil perdonar porque de momento que me hirió, automáticamente me puso por encima de él – él es el "malo", y yo soy el "bueno". Yo soy el tzadik (justo), y él es el malvado. Cuesta perdonar porque el orgullo piensa que mi honra – que fue dañada – no tiene precio, está convencido que nada podrá purgar por lo que fue hecho, por mi exagerada importancia a mis ojos. Es difícil perdonar porque sabemos que el que se atrevió a pedir perdón eligió hacer algo que exige mucha valentía, y no estamos dispuestos a reconocer con facilidad el valor del que nos hirió. Es difícil perdonar porque es cómodo encontrarse en una posición de "herido" y "desgraciado". Casi es una adicción ser el discriminado, cuando el mundo todo lo aplasta con brutalidad – porque el pobrecito, que todos lo hieren, se apiada de sí mismo y no se exige nada. Perdonar, quiere decir marchar adelante, y no atrincherarse en el pasado.
Justamente por ser tan difícil perdonar – es necesario hacerlo. Porque “el corazón sosegado es vida para la carne, pero la envidia es carcoma de los huesos” (Mishlei 14:30), y como explicaron los comentaristas allí. Porque la persona cuyo corazón perdona con facilidad, vive muchos días y edifica su vida, mientras que el que todo el tiempo desea vengarse por lo que le hicieron y no está dispuesto a perdonar, sus huesos se carcomen. La persona que no perdona no vive su vida, no se edifica a sí mismo y elige ocuparse todo el tiempo del tema de la venganza que recaerá sobre su amigo. Esa ocupación obsesiva del deseo de la caída de su amigo, transforma su vida en una pudrición que no tiene cura.
La capacidad de perdonar nos presenta frente a D’s en estas fiestas flexibles como las cañas, y de esa forma somos capaces de pedirle a D’s que Él también nos perdone. 

Midreshet Majón Orá

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Rav Shlomó Aviner Mística, haraganería y engaño
Rav Shlomó Aviner

Pregunta: Las personas se valen de todo tipo de medios místicos para solucionar sus problemas; astrología, visita de las tumbas de los tzadikim (justos), videntes del café, Cabalistas, milagreros, energías, Ain HaRrá y más. ¿Acaso hay algo de cierto en todo eso? Arguyen que curan todos los males, ¡y es un hecho que surte efecto! Lo que es seguro, es que muchas personas buscan esas cosas. ¡Existen lo secretos de la Torá! ¡No todo es racional en la vida!
Respuesta: Nuestro Rav, el Rav Tzvi Iehudá Kuk dijo que no todo lo que la gente cuenta es cierto, y “el tonto lo cree todo” (Mishlei 14:15). Por otro lado, no se puede ser un descreído – ya que hay cosas auténticas. Lo que es seguro, es que la difusión de ese tipo de cosas produce mucho daño para toda la humanidad (Sijot HaRav Tzvi Iehudá, Bereshit Pág. 310-313).
En efecto, un gran daño porque la gente se acostumbra a la holgazanería, a las alucinaciones e imaginaciones, y deja de lado la labor. Nuestros sabios nos enseñaron que el camino de la Torá es “la persona nació para trabajar” (Iyov 5:7), como explica el Ramja”l (Rabí Moshé Jaim Luzato) en su libro “Mesilat Iesharim” (Cáp. 9). Todo es labor, también el rezo es una labor - y no una fiesta de sensaciones. También la elevación espiritual es una labor, y no precisamente un placer que se le es obsequiado a la persona de manos de alguien muy carismático…
En resumen, esas personas se hicieron un atajo en el que eluden la Torá y la labor.
El estafador es notorio en varias cosas – y una de ellas, es su bolsillo. Una persona que realmente sabe curar a los demás no le exige dinero a los que sufren, porque su meta es hacer el bien. Por el contrario, él les da dinero.
La mística falsa se pone en evidencia cuando el místico pide dinero por “agua santa”, o transacción bancaria a cambio del corregimiento de las almas, o incluso votar por algún partido político a cambio de todas las bendiciones habidas y por haber.
También por lo general carecen de la sabiduría de la “Kabala” [en hebreo, kabala es también factura. N. del T.] y el recibo, y muchos de esos místicos fueron acusados de eludir impuestos.
También por lo general carecen de sabiduría – ninguna fuente antigua ni tampoco el consentimiento de los grandes sabios que determinan la halajá.
Por supuesto que las personas se interesan por ese tipo de cosas: Por curiosidad, por holgazanería, porque están defraudadas de la ciencia. No se trata de una curiosidad científica sana, sino que de una curiosidad enfermiza. Siempre lo mágico es llamativo. Y por supuesto que de vez en cuando hay cierta decepción de la ciencia, porque no tiene soluciones para todo, hay grietas. Pero no debemos ensanchar esas grietas y llenarlas de un mar de tonterías...
No se le puede reprochar a un niño pequeño por tener una mentalidad infantil, una forma de pensar mágica. Pero la persona debe madurar, superarse y liberarse de esa forma infantil de pensamiento. En efecto, el escape del raciocinio no conoce límites de sectores sociales o pueblos.
¿Tiene efecto? ¡Por supuesto! 80% de las enfermedades se curan de por sí solas, en forma espontánea. Un tercio de los dolores desaparecen con la ayuda de algún placebo. Para constatar la validez de algún tratamiento se necesita un ensayo clínico controlado aleatorio, doble ciego.
Por supuesto que existe los secretos de la Torá, pero todas esas cosas no son secretos de la Torá. Los secretos de la Torá son una profunda sabiduría, en la que se habla de las cuestiones más recónditas: La conducción Divina del mundo, el sentido de la vida, la recompensa y el castigo, y otros temas.
En contraste, todas esas tonterías y engaños de los que hablas son terriblemente superficiales. El problema no es que no sean racionales: Por supuesto que hay cosas que se encuentran por encima del raciocinio, pero todas esas cosas no son secretos de la Torá, porque sencillamente no son Torá, sino que un camino distinto, una religión alternativa. En vez del culto a D's, en ves del cumplimiento de las mitzvot, se inventan cosas que no existen en la Torá – y a veces están en contra de ella.
Por supuesto que visitar las tumbas de los tzadikim
es mencionado por nuestros sabios – pero también los muertos coinciden que ese no es el punto principal de la Torá. También Ain HaRrá es mencionado, pero no según la interpretación superficial de las personas (ver Ein Aya, Brajot 20). Por supuesto que existe la inspiración Divina, pero no se alcanza a la ligera, sólo después de un largo camino que es descrito en el libro "Mesilat Iesharim": Prudencia, diligencia, limpieza, ascetismo, pureza, devoción, humildad, temor al pecado y santidad.
Es sabido que muchas personas creen en la astrología, en Ain HaRrá y los videntes del café. Pero nosotros somos los discípulos de nuestro patriarca Avraham, los discípulos de nuestro Rav Moshé, y decimos: "Serás íntegro con el Eterno, tu D's" (Dvarim 18:13), y la verdad saldrá a luz con el tiempo.

Departamento ibero-americano

Majón Meir abrió sus puertas para alumnos ibero-americanos de habla hispana y portugués, y te invita a tener esta experiencia única de estudiar Torá en su ambiente tan especial en la ciudad de Ierushalaim.
El programa - dirigido por el Rav Rafael Spangenthal - está destinado para jóvenes de diecisiete años en adelante que desean reforzar su identidad judía por medio del estudio de la Torá en un marco agradable, que enfatiza el valor de nuestros lazos con el pueblo, la Torá y la Tierra de Israel.
Para aquellos que lo deseen, existe también en el Majón un ulpán de hebreo bajo la órbita del Ministerio de Educación.
Para más información los invitamos a llamarnos o escribirnos:
Director del Departamento ibero-americano
Rav Rafael Spangenthal
Tel.: 972-8-9285216
Cel: 972-52-4501467
E-mail:
sfaradit@emeir.org.il, editorial@alumbrar.org