Edición semanal
Basada en materiales de Majón Meir

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Parashat Vaieji     12 de Tevet 5778     No 1150


El fin de los días
Rav Azriel Ariel
(reimpresión)

Nuestro patriarca Iaacov se encuentra al final de sus días. Sus hijos están alrededor de su cama, tristes y llorando. No se encuentran en la tierra de sus antepasados, sino que en una tierra extraña, al principio de una larga galut (exilio). Anhelan escuchar palabras de consuelo de su padre. También su padre Iaacov quiere fortalecerlos antes de retirarse de este mundo, y hacerles saber lo que les deparará el futuro. “Juntaos, y os haré conocer lo que os sucederá al fin de los días” (Bereshit 49:1). Pero justamente en ese momento lo abandonó la Shjina (manifestación de la presencia Divina). El final fue ocultado, “estas palabras están cerradas y selladas hasta el tiempo del fin” (Daniel 12:9). ¿Por qué no nos fue revelado lo que ocurrirá? ¿Por qué quedó cerrado y sellado, sin que ninguna persona pueda saberlo? ¿Acaso no sería mucho más fácil si supiésemos exactamente qué nos espera, qué sucederá de ahora hasta el final, con instrucciones minuciosas de cómo debemos comportarnos en cada momento según el programa Divino?
Imaginemos ¿qué sucedería si hubiésemos recibido respuestas detalladas a esas preguntas, si tuviésemos un programa minucioso de lo que ocurrirá en cada momento? Podemos suponer que viviríamos nuestras vidas con indiferencia y aburrimiento, o en el mejor de los casos con pasividad. ¿Para qué esforzarnos, tomar la iniciativa y actuar, si todo es sabido de antemano? No es eso lo que D’s pretende de nosotros. A partir del momento en que fue aclarado que la gueulá (Redención) llega en forma natural, fue aclarado también que la gueulá llega a través de la participación plena de las personas. Tenemos que tomar la iniciativa y actuar, ser responsables de nuestros actos y aprender de nuestros fracasos. Pero por supuesto, eso no quiere decir que traemos la gueulá con nuestros esfuerzos, sino que hay quien dirige y orienta desde arriba. Hay quien crea las oportunidades, y Él introduce la segunda oportunidad también cuando la primera fue desaprovechada. Hay quien pone obstáculos y retos en el camino - que haciéndoles frente se impulsa el proceso hacia adelante. Él es el que nos enseña por el duro camino si nos equivocamos, y Él también es el que abre delante de nosotros los portones de los senderos para corregir cuando fracasamos y nos equivocamos.
Con una intuición excepcional lo expresó Moshé Dayan cuando pronunció su discurso hace unos 40 años, frente a los oficiales que habían concluido el Curso de Alto Rango del ejército. Y así dijo: “Dije ‘¿qué será?’, y no dije ‘¿qué será al final?’. Lo hice porque me parece que el énfasis de esa pregunta judía es en el camino, y no en la meta final. El énfasis es en el proceso y en la lucha, y no en la última estación… Por ello, yo creo que la respuesta central, básica, que podemos dar a la pregunta ‘¿qué será?’, es: Continuaremos luchando… Debemos estar preparados anímicamente y físicamente para un proceso continuo de lucha, más que andar fijando fechas y programas para alcanzar el descanso y la calma”.
Por ello, nos fueron ocultados los complicados caminos de la gueulá de Israel. Un anhelo activo de la salvación nos acompañará en todos los momentos de nuestra vida. Pensaremos, aclararemos, actuaremos y haremos, nos equivocaremos, aprenderemos de los errores y corregiremos, “hasta que sople el céfiro del amanecer, y huyan las sombras”, e iremos “al monte de la mirra, y a la colina del incienso” (Shir HaShirim 4:6).
En las palabras de Iaacov para sus hijos, a fin de cuentas, no fue comunicada ninguna “información secreta”: El final no fue revelado. Pero les dijo algo muy importante: Tú, Iehudá, debes ser como un león. Y tú, Binyamin, como un lobo. Y tú, Isajar, serás como un burro de carga. Y tú, Naftali, serás como una gacela suelta. Cada uno debe actuar según sus cualidades particulares, para hacer llegar a todo el pueblo a su meta. Pero no preguntes: “¿Qué pasará al final?” – esa pregunta no es la correcta. Debes preguntarte cada día: “¿Qué debo hacer yo?”. “¿Qué debo hacer hoy, con las facultades particulares que D’s me ha dado a mí?”. Y entonces, se cumplirá en cada uno de nosotros la expresión "todos los días de tu vida – para hacer llegar los días del Meshiaj (Mesías)".


Rav Shlomó Aviner

Temeréis Mi Mikdash
Rav Shlomó Aviner

“Temeréis Mi Mikdash” (Vaikra 26:2). Por supuesto, “no del Mikdash tu temes, sino que del que te ordenó reverenciarlo” (Iebamot 6B), y eso es válido también cuando el Beit HaMikdash (El Templo) está desolado (allí).
Por ello, no subimos al Har HaBait (el Monte del Templo).
Y el Rav Kuk publicaba el mismo panfleto cada año, cuando se acercaban las fiestas: “Queridos hermanos que llegan a nuestra santa ciudad Ierushalaim, que será reconstruida, de lejos y de cerca, cuídense por favor de la severa prohibición de entrar en el lugar del Mikdash y el Har HaBait”.
Hay quienes arguyen que si así haremos, renunciamos a nuestra autoridad sobre ese lugar. Por lo contrario, dijo el Rav Kuk: “Y la razón por la cual no entramos más allá del Kotel (Muro de los Lamentos), no es por falta de derecho o poca relación con ese santo lugar, sino que justamente por nuestro fuerte lazo a él y a su elevada santidad” (carta, fue citada en el libro Kotlenu pág. 220).
Y así escribió nuestro Rav, el Rav Tzvi Iehudá Kuk: “Toda la estricta prohibición según la halajá que acostumbramos de no entrar allí… no daña o disminuye en lo más mínimo el valor de nuestra soberanía de pertenencia sobre el perímetro de ese lugar santo singular” (LeNetivot Israel Bet 281).
Y hay quienes arguyen que en cuanto a Eretz Israel (la Tierra de Israel) en general, y Har HaBait en particular, se necesita vigor y valentía y alegría e iniciativa y no temor, espanto y pavor. Es un error famoso, del que ya temió el Rav Kuk en su famosa carta 378 que fue impresa al principio del libro Orot HaTshuva: La tranquilidad, la alegría y el vigor, la alegría auténtica no disminuye en lo más mínimo el temor y la reverencia, por el contrario, ellos deben ensancharlos.
Y no es por azar que el temor se encuentra en el libro Mesilat Iesharim en los altos niveles de los capítulos 24 – 25, y él describe el tremendo temor al pecado de nuestro patriarca Avraham y nuestro Rav Moshé.
Esa es la regla, no a través del desprecio del Har HaBait llegaremos al Beit HaMikdash, sino que por el contrario, a través del temor del Mikdash. Por ello, cuánto debemos alegrarnos que finalmente surgió la organización “Mora Mikdash” que enarboló como estandarte ese elevado tema, el temor por el Har HaBait y la subida a él.
Todo el que done para ello, recibirá la bendición del cielo, desde el Mikdash.
Para más detalles, lemoramikdash@gmail.com, 053-241-8479                                                             


Meorot HaShabat

El cometido de esta sección es familiarizar a los lectores con las pautas básicas del Shabat. Cada uno debe aconsejarse con la autoridad rabínica en su comunidad en cuanto a los detalles de las numerosas y a veces complejas halajot del Shabat, y no limitarse a lo escrito en esta sección.
Las comidas de Shabat
Cuando bendice sobre algo para comerlo, debe tomarlo con la mano derecha[1], para demorarse lo  menos posible entre la bendición y el comido[2], y para prestar atención al alimento sobre el que bendice[3].
Cuando bendice la bendición hamotzi del pan, debe tomar los dos panes con su mano[4]. Y es bueno que cuando bendice ponga ambas manos sobre ellos, que tienen diez dedos, en paralelo a las diez mitzvot que se cumplen en la preparación del pan[5].
Cuando bendice y menciona el nombre de D’s, elevará los panes[6].
Cuando los invitados cumplen con su obligación de bendecir escuchando al que bendice, cortará el pan sólo después que hayan terminado de contestar Amén a su bendición la mayoría de los reunidos[7].
No es necesario cortar de ambos panes, alcanza con cortar sólo uno. De momento que la mitzva de los dos panes en Shabat es en recuerdo del Man, y sólo fue mencionado al respecto dos panes cuando era recolectado, es decir, cuando los toma en su mano cuando bendice, así se acostumbra[8]. Y hay quienes acostumbran a cortar de ambos panes[9].
El Shuljan Aruj escribió que debe cortar del pan de abajo[10]. Y el Ram”a escribió que eso es justamente en la noche de Shabat, pero en el día de Shabat o la noche de Iom Tov debe cortar del pan de arriba, y la razón de esas costumbres es según los temas esotéricos[11].
Cuando corta del pan de abajo, debe ponerlo más cerca de él que el pan de arriba, para que cuando corte de él no “saltee” las mitzvot[12].


[1](Shuljan Aruj, Orej Jaim 167 inciso 3, 206 inciso 4).
[2](167, Mishná Brurá inciso 22 citando a Maguen Avraham).
[3](206 inciso 4, Mishná Brurá inciso 17 citando al Lebush). Y si ya lo hizo, incluso si no lo tomó para nada durante toda la bendición, cumplió con su obligación (allí). Y en Kaf HaJaim (allí, inciso 33) escribió que si ya lo hizo y estaba delante de él, cumplió con su obligación.
[4](274 inciso 1, Mishná Brurá inciso 3).
[5](167 inciso 4, Mishná Brurá inciso 23).
[6](allí, Mishná Brurá inciso 23, 271 Mishná Brurá al final del inciso 41. Y así también en Kaf HaJaim 167 inciso 33), y agregó citando al Ar”i que según lo esotérico se los debe elevar cuando pronuncia la palabra “hamotzi”.
[7](allí 167 inciso 16, Mishná Brurá inciso 84). Porque debe terminar la bendición cuando el pan aún está entero, y también la contestación de Amén es parte de la bendición (Shuljan Aruj HaRav allí inciso 3, Mishná Brurá inciso 85, Kaf HaJaim inciso 118).
[8](274 inciso 1, Mishná Brurá inciso 4, Shuljan Aruj HaRav allí inciso 2).
[9](así acostumbraban Rasha”l y Shl”a como explicó Rashb”a, y así también consintió el Gr”a). Y las personas acostumbran como el Shuljan Aruj, que cortan sólo de uno de los panes (allí, Mishná Brurá).
[10](274 inciso 1, Beit Iosef al final del inciso). Y el Ben Ish Jai (segundo año, Vaiera inciso 15) y Kaf HaJaim (262 inciso 2) escribieron según Shaar HaKavanot que el orden debe ser así: Toma ambos panes, uno del lado derecho y el otro del lado izquierdo, y los junta cuando la parte de debajo de ellos se tocan, de forma que se ven como un solo pan que tiene dos caras, semejante al Lejem HaPanim, y corta del pan derecho (y véase más en Kaf HaJaim 274 inciso 2).
[11](allí, inciso 1. Ram”a, y Darkei Moshé allí).
[12]“No se saltean las mitzvot” (Ioma 33B), es decir, que si se encontró con una mitzva u objeto de mitzva, no debe saltearlo sin cumplir la mitzva correspondiente.
Y tratándose de los dos panes, si pone uno sobre el otro, cuando quiere tomar uno de ellos encuentra el que está arriba primero, y si no lo corta es como si saltease la mitzva (Ba”j). Por ello, escribió el Ta”z que debe poner el pan de abajo más cerca suyo que el de arriba, de forma que se encuentra con el pan de abajo antes, y de esa forma no lo saltea (allí, Mishná Brurá inciso 5). O cuando bendice tomará el pan de arriba y lo pondrá abajo, y cuando termine la bendición lo cortará a él (allí).