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Frente a la ciudad
Rav Azriel Ariel
(Beahava Ubeemuna No594)

Un olé (inmigrante) nuevo-antiguo llega a Eretz Israel (la Tierra de Israel). Iaacov vuelve a su tierra, después de 22 años de galut (exilio). Y como su abuelo Avraham, su primera estación en la parte occidental de Eretz Israel es Shjem: “Y acampó frente a la ciudad, y compró la parte del campo donde había fijado su tienda, de mano de los hijos de Jamor, padre de Shjem, por cien piezas de monedas” (Bereshit 33:18-19). El acampado de Iaacov en Shjem y la compra del terreno – no sólo tiene un significado según la interpretación sencilla, sino que también en otro sentido que lo complementa. Nuestro patriarca Iaacov no sólo se preocupa de sí mismo y de su posesión de la tierra: Desde un punto de vista positivo, de buena vecindad, también se preocupa de las otras personas del lugar, los habitantes de Shjem. “Vaijan” (acampó, en hebreo) – es afín con la palabra “jen” (agrado, en hebreo): Buscó hacer algo que caiga en gracia a los ojos de los habitantes de la ciudad. “Vaiken” (compró, en hebreo) – es afín con la palabra “takana” (reglamentación, en hebreo): Hizo reglamentaciones para el bien de los habitantes del lugar. Y así dicen en la Gmará (Shabat 33B): “‘Y acampó frente a la ciudad’; dijo Rav – acuñó monedas. Shmuel dijo – formó mercados. Y Rabí Iojanan dijo – les hizo casas de baño”. Y nosotros intentaremos comprenderlo en base al comentario del Rav Kuk zt”l (Ein Aya, Shabat Bet, 285).
Iaacov instituyó tres cosas para el bien de los habitantes de Shjem: Moneda, mercados y casas de baño - y las tres están relacionadas con la edificación de una sociedad humana correcta. En primer lugar, la moneda: Hasta la aparición de la moneda, el comercio entre las personas se basaba en el trueque. Si por azar mi vecino tenía algo de más que justamente me es necesario, y yo también tenía algo de más que le era necesario a él, podíamos intercambiarlo. Pero si no fuese así, yo no podría obtener provecho del esfuerzo de mi vecino, y mi vecino tampoco podría obtener provecho del mío. La invención de la moneda produjo una revolución: A partir de ese momento, todos pueden tener provecho de todos - ya que toda mercadería puede ser transformada en dinero, y con ese dinero se puede comprar cualquier otra cosa, en cualquier otro lado. La institución de la moneda transformó a los habitantes solitarios de la ciudad en un grupo sólido, cuando cada uno de sus miembros puede obtener provecho de su prójimo y también ser de ayuda para él.
Pero ese vínculo entre los habitantes todavía es distante, un poco virtual. Para transformar esas personas en una sociedad más sólida, se las debe hacer encontrar las unas con las otras. Y eso se logra a través de los mercados – donde se encuentran los vendedores y los compradores juntos, para ser útil y tener provecho unos de otros.
Pero esa relación entre las personas todavía es lejana, es una relación de conveniencia. Para que puedan disfrutar cada uno de la compañía de su prójimo, deben mejorar su apariencia estética y caer en gracia a los ojos de los demás. Para eso son las casas de baño: No es un lugar para disfrutar, sino que es el lugar donde se cuida de la estética humana. No sólo
la estética externa – el cuidado de un cuerpo limpio y del buen aspecto – sino que también de la estética interior, cuando la persona se sumerge en la mikve que lo purifica de todas las impurezas que se le han adherido en el trajín de la vida.
Eso es lo que nuestro patriarca Iaacov espera de las personas de Shjem: Que logren edificar una sociedad humana sana, sólida y unida. Sobre esa base se podrán construir otros niveles espirituales, más elevados.
Esos tres componentes surgen de otra forma después de 2000 años, en la conversación de Rabí Shimón Bar Iojai y Rabi Iehudá Bar Ilai en relación con el gobierno romano: “Comenzó Rabí Iehudá y dijo; cuán magníficas son las obras de esa nación [Roma]!. Instituyeron mercados, construyeron puentes, hicieron casas de baño… contestó Rabí Shimón Bar Iojai; todo lo que hicieron, lo hicieron sólo para su provecho. Instituyeron mercados para poner en ellos prostitutas, hicieron casas de baño para regocijarse con bajos placeres, construyeron puentes para cobrar impuestos”.
Rabi Iehudá – como Iaacov – identifica en los gentiles el punto positivo, la capacidad de crear una sociedad humana sana, a través de los mercados, las casas de baño y los puentes. Los puentes de los romanos – como la moneda en el caso de Iaacov – facilitan el contacto y el comercio entre las personas distantes. Rabí Shimón en contraste, nos hace ver que esas obras que solidifican a la sociedad y pueden crear una sociedad sana, cuando llegan de una fuente pervertida pueden formar también una sociedad corrupta. En efecto, cuando el objetivo de los mercados, las casas de baño, los puentes y la moneda es unir la sociedad humana y facilitarle a cada uno ser de provecho para su prójimo, entonces crean una sociedad correcta. Pero cuando el objetivo son los dividendos de los individuos – utilizando para ello las necesidades humanas, e incluso aprovechando con cinismo las más bajas pasiones – entonces hay que condenar la estructura social que fue formada por ellos. El mercado de los romanos no tiene por objetivo ayudar a las personas a ganarse su sustento, sino que incitar las bajas pasiones y obtener respetables dividendos de su saciado. El puente no es para ayudar al transporte y la comunicación entre las personas, sino que es para que el que lo construyó gane dinero – y por ello no se puede confiar que lo construya según las normas de seguridad. Y también las casas de baño, no son para cuidar de la higiene y la estética – y por supuesto que tampoco la pureza interior – sino que para proporcionarle bajos placeres corporales al público. Por ello, dice Rabí Shimón, las instituciones de los romanos – hijos de Esav – para los judíos, solo perjudican. Mientras que las instituciones de nuestro patriarca Iaacov para los habitantes de Shjem, deberían haber sido realmente provechosas. Y cuán lamentable es que los habitantes de Shjem no fueron merecedores de aprovechar las obras que nuestro patriarca Iaacov hizo por ellos: Con su desagradecimiento lo arruinaron todo, cuando Shjem, hijo de Jamor, tomó por la fuerza a Dina, la hija de Iaacov.